Las claves por las que Operación Triunfo NO debería ser la preselección de España para Eurovisión 2018

Una única gala ha servido para devolver el viejo y nostálgico espíritu triunfito a la parrilla televiva. Emoción, nervios, improvisaciones y pocas novedades hicieron que el viejo talent recuperase en esencia un espíritu que en próximas galas veremos si no son más que un espejismo en la crisis que RTVE tiene con sus estrenos de prime time. Pero una única gala ha servido para ver claramente que Operación Triunfo 2018 no debe ser la fórmula que utilice nuestro ente nacional para elegir a nuestro representante en la LXIII edición del Festival de Eurovisión ¿Por qué?, Porque Eurovision Song Contest ha evolucionado a pasos agigantados desde 2002, año en el que Rosa nos hizo soñar en Tallin con el ansiado tercer triunfo. Nada tiene que ver el espectáculo ofrecido por Estonia con las actuales producciones con las que año a año cada país anfitrión trata de superar al anterior. Podemos decir que Eurovisión se ha profesionalizado tanto desde el punto de vista técnico como musical, ofreciendo un espectáculo estudiado y meticuloso que requiere de un esfuerzo adicional para intentar colarse en un top10 cada vez más inalcanzable para algunas candidaturas

Lo que ayer nos ofreció Gestmusic, es más de lo mismo. Jóvenes con muy buenas capacidades vocales que, por su lógica inexperiencia, deberían quedar descartados a primera escucha como aspirantes a representar a España en el certamen. En este nuevo Eurovision profesionalizado donde países como Letonia, Malta o Grecia con recursos más limitados de los que tiene RTVE, llevan meses buscando candidaturas, la improvisación se paga, y España ya lo pagó en Kiev. Estos chicos no pueden garantizar una candidatura profesional por una sola razón: no son profesionales. Y a 7 meses vista para que en Lisboa suenen los acordes del Te Deum, ya vamos retrasados para ofrecer una candidatura de calidad. La rumorología cuenta que RTVE tiene sobre la mesa buenas canciones a las que solo falta asignar un intérprete salido de Operación Triunfo. Sería otro error como ya se demostró en las preselecciones españolas para los años 2007 y 2011. Una gran canción, debe ser parida para un intérprete en concreto que la engrandezca aún más, que le aporte su esencia desde el inicio y que permita la expresión de una candidatura en la que se de la perfecta comunión entre intérprete y canción. Y esa, queridos responsables de mi ente nacional, no se consigue en 7 meses. Tal vez de esta edición salga un representante magnífico para Eurovision Song Contest 2019. Potencial hay, sin duda. Voces, excelentes… también. Lo que falta ahora mismo es tiempo, tiempo que permita máxima dedicación para ofrecer una apuesta segura para 2018. Eurofans, el ente nacional y los futuros representantes de España en el concurso necesitan ofrecer por fin una apuesta competitiva que devuelva la ilusión a todos e impida que de nuevo se pierda el interés en nuestro país por el certamen. En ese sentido lo tengo claro. Operación Triunfo no es la vía. No para 2018.

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